La arquitectura del vidrio

La arquitectura del vidrio

Actualmente existen diferentes tendencias arquitectónicas que han convertido el vidrio en un material de construcción de máxima importancia. Aquel elemento frágil y costoso ha pasado a ser referencia de la vanguardia en el diseño de edificios construidos casi íntegramente usando este material. Esta semana, les proponemos un viaje desde las vidrieras de las catedrales hasta los rascacielos de Chicago o las torres asiáticas.

 

Arquitectura en vidrio

Arquitectura en vidrio

 

Auge del vidrio

Es prácticamente imposible rastrear el primer elemento de vidrio en la historia de la arquitectura, pero si nos atenemos a su uso cotidiano, entonces comenzaríamos remontándonos al siglo XI y el uso del vidrio soplado en vidrieras de catedrales románicas. Sin embargo, no será hasta la Revolución Industrial, bien entrado el s. XIX, cuando comience a ocupar espacios públicos y de diseño fuera del ámbito religioso y ornamental. Los altos hornos y otros avances tecnológicos permitieron construir láminas de vidrio de un tamaño mayor, con unos costes reducidos y unas cualidades materiales más amplias. Es en este momento histórico cuando comienza a emplearse para nuevos usos arquitectónicos, que llevan al material más allá en cuanto a funcionalidad y diseño.

De sobra conocido es el primer edificio emblemático de este tipo: el palacio de cristal londinense (1851). Su diseño, a cargo del paisajista Joseph Paxton, impactó a los visitantes de media Europa, ya que albergó la primera exposición universal. Un poco más cerca, en Madrid, el palacio de cristal del Parque del Retiro (1887) es también la expresión de este nuevo interés por el vidrio.

Bauhaus

Ya están listos los ingredientes técnicos, y es en este momento, a principios del siglo XX, en el que solo falta el elemento creativo e innovador, que impulse al vidrio desde una simple ventana hasta La Torre de Cristal en Madrid. Y este elemento revolucionario se produce con la inauguración de la Bauhaus. Uniendo la escuela de artes y oficios con la escuela de Artes plásticas de Sajonia, Walter Gropius se propone convertir el diseño industrial en arte y aunar diseño y construcción en un movimiento de vanguardia que exprese los cambios filosóficos de los siglos XIX y XX. Ya en su declaración, al fundar la famosa escuela en 1919, Gropius propone elevar al cielo “el símbolo de cristal de la nueva fe”.

Unos años antes, Paul Scheerbart -filósofo, poeta e historiador del arte-escribe la obra Arquitectura de cristal (Glasarchitektur) 1914, en la que propone una arquitectura que se aleje del funcionalismo para dejar espacio a las ideas estéticas. Sustituir el ladrillo por el vidrio era la expresión de este nuevo movimiento. Y calaron en la vanguardia alemana, inspirando desde el comienzo el ideario de la Bauhaus.

Pero sería Mies van der Rohe, otra figura destacada de esta escuela –que llegó a dirigir-, quien llevaría la mística del diseño acristalado a su máximo esplendor, creando a partir de 1920 los primeros edificios de paredes vidriadas.

Disputas de cristal

Pero si hay dos edificios de vidrio que han suscitado polémica esos son Farnsworth (1946-1951), de Mies van der Rohe y la Glass house (1949) del arquitecto norteamericano Philip Johnson. Estos proyectos constituyeron las primeras viviendas unifamiliares construidas casi íntegramente de vidrio. Hoy en día es una moda recurrente el diseño de casas familiares abiertas a la luz natural con el uso del vidrio. Esta moda nace precisamente gracias a estos dos grandes arquitectos. A pesar de que actualmente comparten este mérito, en los 50 la Glass house de Johnson, con su espectacular belleza etérea, fue acusada de ser una copia de Farnsworth de Mies.

Al parecer Johnson había sido comisario en una exposición de Mies en el MoMA en 1947, en la que van der Rohe expuso el proyecto y una maqueta de Farnsworth, que aún no había sido construida. Johnson se apresuró y diseñó la Glass house y, aunque no ocultó la influencia que la obra de Mies había tenido sobre él, no se libró de las críticas de competir en el tiempo con un proyecto original de Mies, que éste aún no había materializado.